Las fatídicas imágenes del 24 de noviembre de 2018 recorrieron el mundo entero. La violencia volvió a pegar de lleno en el fútbol nacional y la vergüenza vivida terminó en la tapa de los principales diarios deportivos internacionales. Todo culminó en un hecho triste e inédito: la mudanza de la gran final de la Copa Libertadores a otro continente, ya que la Conmebol entendió que «no estaban dadas las condiciones para jugar en la Argentina». A 9 meses de aquel día negro, el próximo domingo se jugará el primer River-Boca tras lo sucedido. Y el Gobierno de la Ciudad considera estar preparado para garantizar una seguridad absoluta.

Según pudo saber LA NACION, a diferencia del operativo que se realizó en noviembre pasado en el que también participaron Policía Federal, Prefectura y Gendarmería, esta vez todo estará a cargo de la Policía de la Ciudad en los tres anillos dispuestos para controlar los accesos al estadio Monumental. Así, se buscará generar una mejor coordinación y comunicación con una sola cadena de mando para actuar, algo que falló en noviembre pasado.

Con más de 1000 efectivos policiales afectados, todo comenzará en la noche del sábado y en la madrugada del domingo con la colocación de vallas en la zona. Luego, a las 6 de la mañana se empezará a trabajar en los alrededores y ya para las 9 se reforzará la presencia policial con el inicio concreto del operativo. Las puertas se abrirán a las 13, cuatro horas antes del partido, con la intención de reducir las congestiones de público.

Ahora bien, ¿qué ocurrirá con el micro de Boca luego del ataque con piedras y botellazos que sufrió en la intersección de Avenida del Libertador y Lidoro Quinteros? Tal como ocurre desde hace muchos años, volverá a entrar por la misma esquina, pero el vehículo tendrá tratamiento antivandálico, se realizará otro recorrido y se tomarán recaudos lógicos que aquella vez brillaron por su ausencia.

El camino del plantel xeneize será el siguiente: saldrá del Hotel Holiday Inn de Ezeiza (el año pasado lo hizo desde el Hotel Madero en el centro porteño) por autopista, irán hasta el Paseo del Bajo, doblarán en Avenida Sarmiento y desde allí tomarán Libertador para ingresar por Quinteros al Monumental. ¿Qué se busca con esto? Evitar concentraciones masivas, ya sea de hinchas de Boca que acompañen al equipo (se suelen hacer banderazos) o público en las calles.

Desde la salida hasta la llegada, la delegación irá acompañada por la «cápsula de despliegue y traslado» (custodia policial que antecede y escolta) en un corredor dinámico con cortes programados para un fácil acceso. Además, se cubrirán los puentes del trayecto y se duplicarán los monitoreos y las filmaciones para tener todos los movimientos registrados.

Pero el detalle más importante estará vinculado con el ingreso del público de River para evitar una situación que el 24 de noviembre fue tan burda como inexplicable. A diferencia de aquel día en el que miles de hinchas (sin haber pasado ningún control) se encontraban en la zona, el domingo se desalojará la famosa esquina de Av. del Libertador y Quinteros en un rango de 200 metros y se cortará el ingreso a la tribuna Centenario varios minutos antes de la llegada del micro. Además, habrá cortes de tránsito programados en Av. del Libertador.

Toda la organización estará bajo la órbita del Comité de Seguridad en el Fútbol, tal como ocurre desde enero. A comienzos de año, poco menos de dos meses después de los incidentes en la final, una de las medidas que tomó Diego Santilli, vicejefe de gobierno porteño y también ministro de Seguridad tras la intempestiva salida de Martín Ocampo, fue la presentación del actual Comité, responsable de las políticas de prevención y combate de los delitos y la violencia en los estadios.

Bajo el mando de Valeria Sikorski, es un espacio integrado por miembros del Poder Ejecutivo porteño, de la Legislatura, del Ministerio Público Fiscal, de la Policía de la Ciudad, de la AFA, de la Superliga y representantes de los clubes. ¿Cuáles son sus funciones? Se encarga de elaborar orientaciones y recomendaciones en materia de seguridad, controlar el ingreso del público al estadio, colaborar en los esquemas de ordenamiento, seguridad y evacuación, solicitar la clausura cuando los estadios no son seguros, gestionar la Base de Antecedentes sobre Violencia en Eventos Futbolísticos de la Ciudad y formular denuncias por delitos o contravenciones.

Así, tras el bochorno que impactó al mundo del fútbol, el superclásico volverá a un estadio Monumental que promete estar repleto con 70 mil personas, un récord para este siglo. Y, quizás más que nunca, los ojos estarán puestos en la seguridad de un partido que nunca será uno más. Nunca.

 

Fuente: www.lanación.com