El tema no es perder por un punto o por medio, sino perder. Así de simple y seco.

Es dura la derrota cuando se está acostumbrado a ganar, y más aún cuando hay aspiraciones de seguir subiendo escalones en la función pública.

Después de 16 años de victorias consecutivas en el departamento el PJ recibió una dura bofetada, que no tiene que ver con el porcentaje de votos. Si alguien dentro del grupo de los Félix piensa eso, entonces no entendió nada. La historia es mucho más profunda, debido a que cuando los peronistas perdían en todos lados, acá siempre ganaban. Ahí está el nudo a desenredar.

Omar tiene poder, nadie duda de eso, pero con un pequeño detalle, eso es puertas adentro de la tropa. Cuando le tocó salir a golpear puertas, no tuvo pasta. Es que el carisma juega mucho en política, y tal como decían sus propios carteles de campaña es un tipo “serio”. Demasiado.

Se equivocaron de candidato. Es obvio acá y también en la China. Será el mayor, pero está claro que no es el que mejor juega. En el interior del territorio peronista murmuran sin piedad que el menor es el que verdaderamente arrastra. A tal punto que en las últimas semanas tuvo que salir a poner la cara como si fuera él el candidato. Y en realidad no era candidato a nada y el canto rodado de su hermano se lo llevó puesto.

Fue casi una obligación remarla porque más de uno de los que integran su grupo no tiene alma de ganador. Algún que otro candidato supo jugar, pero hay otros que no pueden venderte un helado con 40 grados de calor. Ni hablar de los que ya son legisladores y son parte del grupo, varios de ellos no movieron un centímetro la aguja.

Es raro, hablan de equipo, pero no se muestran como tal.

De todas maneras, Emir sabe que no ha perdido. Fácil de entender, no fue candidato. En todo caso perdió el justicialismo. Está claro que en su próxima batalla ese será el estandarte, recordarles a todos que él no figuraba en la lista.

Ahora bien, tiene que sacudirse la ropa y seguir. Pero para eso tiene más que claro que hay que cambiar de posición la mercadería en la estantería y comenzar a vender de nuevo. Eso significa que tiene que oxigenar la estructura de gobierno, es decir, comenzar a realizar cambios de nombres.

El rumor es fuerte. Dicen que andaría con ganas de cambiar el gabinete. La cara del domingo, más allá del esfuerzo por mantener la postura, era la de prender el ventilador en ese mismo instante.

No está claro que hará, quizás decida seguir como está y redoblar la apuesta desde ese lugar. Pero eso es un riesgo, considerando que la mitad de los sanrafaelinos le pidieron, de forma indirecta, que “algo hay que cambiar”.

La escoba siempre está atrás de la puerta. El tema es reconocer que la vereda se ensució y a partir de allí comenzar a barrer.

Silvio Barroso