Los mató con absoluta frialdad, uno por uno, persiguiéndolos de una habitación a otra. Exterminó a toda la familia y plasmó así otra masacre que convulsiona a Estados Unidos. Otra matanza para agitar al país, con un arma de fuego, una pistola calibre 9 milímetros que estaba en la casa y que usó de modo cruel y atroz a pesar de sus 14 años.

Ocurrió en el pueblo rural de Elkmont, en el norte de Alabama, en la frontera con Tennessee, donde habitan no más de 500 personas. El lunes por la noche, a la línea de emergencia 911 llegó la llamada de un adolescente que, con voz asustada y aparentemente en pánico, explicó que estaba en el sótano y había escuchado disparos en el piso superior de su casa.

Al llegar, la Policía local encontró cinco personas en el suelo: tres ya habían muerto y los otros dos tenían heridas graves y murieron cuando llegaron al hospital. Eran el padre del joven, la madrastra y los tres hermanos.

Después de cuatro horas de interrogatorio, el adolescente confesó: fue él quien llevó a cabo la masacre. Y fue él quien ayudó a encontrar el arma homicida que había arrojado lejos de la casa. Las autoridades e investigadores todavía no pudieron explicar qué motivó el joven asesinó a su familia.

El episodio alimenta la controversia sobre la enorme propagación de armas de fuego en los hogares estadounidenses, especialmente en muchos estados del sur, como Alabama. En él hay un largo historial de episodios sangrientos que en los últimos años dejaron su huella pero que nunca llevaron a una reflexión seria y a un cambio de estrategia en la reclamada cuestión del control de armas.

En 2018, cinco personas, incluida una mujer embarazada, fueron asesinadas a tiros en la ciudad de Citronelle, en el sur. En 2012, otros cinco habían muerto durante un robo en Birmingham, mientras que en 2009 el asesinato en masa más grave en la historia de Alabama se remonta al condado de Ginebra, donde un joven de 28 años mató a diez personas e hirió a otras seis, la mayoría de ellos familiares.

 

Fuente: www.tnmundo.com