Tal vez la idea de ensayo general suene un poco extraña para un Superclásico oficial, . Se trata de un River-Boca extraño, por la quinta fecha de una Superliga de 23 episodios, de manera que se podría decir que no define nada, más allá de que Boca defenderá su liderazgo en el torneo.

Sería una verdad a medias, porque hay algo más. Esos dos fantasmas que sobrevolarán persistentes antes y después: el recuerdo de la final del Santiago Bernabéu y el imaginario de lo que sucederá cuando se vuelvan a encontrar por la Copa Libertadores, el martes 1° de octubre en el mismo escenario y el martes 22 en la Bombonera.

Teniendo en cuenta el contexto: ¿Arriesgarán esta tarde o serán 90 minutos de estudio? Esa es una de las preguntas que despierta este Superclásico que se parece a unas PASO, aunque con menos consecuencias hacia el decisivo mes de octubre.

Sabemos lo que suele hacer Gallardo en este tipo de partidos, en los que se especializa en salir aplaudido. Presionar, asfixiar en la salida, jugar en pocos metros y lejos de su propio arco. Y a veces, sorprender. El Muñeco, en la previa, parece estar más cerca del riesgo que del estudio.

Habrá que ver con qué se encuentra del otro lado. Alfaro planifica según el rival y el rival tiene una camiseta pesada y un juego temible. El nuevo técnico de Boca sabe que en este triple Superclásico se juega mucho más que su colega. Aunque el partido de hoy es el menos determinante, tampoco será gratis: hasta los choques de verano han dejado huellas en el campamento herido.

Del lado boquense se impone más la idea del estudio, un reconocimiento del terreno y su ambiente de 90 largos minutos. Habrá más de 70 mil hinchas de River y pocos jugadores de Boca que hayan vivido esa experiencia antes. Se lo puede ver como una ventaja de cara al partido del martes 1° , una especie de test match para sacar conclusiones.

Pero para los dos técnicos será una buena medida.

Las ausencias de esta tarde merecen más que un asterisco. River no tiene desde hace rato a Juanfer Quintero, pero tal vez lo pueda recuperar en la Copa. Tampoco a Pinola en el fondo. Pero aunque vuelve una pieza clave como Enzo Pérez, devenido volante central, la duda sobre Nacho Fernández, punzante en el cambio de ritmo y difícil de marcar, es vital. Es cierto que ha crecido, y mucho, Nicolás De La Cruz para compensar.

Boca también lamenta la lista de lesionados. A la de Zárate se suman Abila y Salvio. Además, desde los números, Alfaro ve cómo se le evaporan los goles: los goleadores de su ciclo son Mauro (12), Wanchope (10), Benedetto y Tevez (5). Sólo tiene disponible al Apache. Puede ser la oportunidad para Soldano o Hurtado. También para Mac Allister, Reynoso o De Rossi. Ninguno de ellos debería cargar con la mochila de lo que Boca padeció en Madrid, sin embargo hay presiones que se heredan aunque no se merezcan. La personalidad, se sabe, o a veces la inconciencia positiva, suelen ser decisivas en los Superclásicos.

Habrán pasado 266 días de la histórica final de Madrid, casi nueve meses. Ninguno la olvida: unos porque no quieren y otros porque no pueden. Después no hubo ni siquiera un amistoso. Aunque es escaso el número de “sobrevivientes”, ese 3-1 vuelve como un fantasma y juega con las pasiones anticipando las semifinales coperas que se vienen.

Antes, hoy, es hora de jugar. En el fondo, de eso se trata.

 

Fuente: www.clarín.com