Hugo Santillán no tenía en sus planes enfrentar el sábado pasado al uruguayo Eduardo Abreu por el título latino ligero del Consejo Mundial de Boxeo. Pero un cambio en la programación de la velada que se celebró en San Nicolás le abrió las puertas para ir en la búsqueda de un nuevo cinturón. Y él aceptó el desafío, sin saber que esa pelea que no estaba destinado a protagonizar le propinaría el golpe más duro de su carrera y de su vida.

El santafesino de 23 años continúa internado en grave estado tras desvanecerse apenas se conoció el fallo de empate del combate para el que había firmado contrato apenas lo tentaron con la idea.

Es que originalmente la pelea de fondo de la jornada iba a ser un choque entre pesos pesado, que se terminó cayendo. La de Abreu, planificada como semifondo, pasó a ser la atracción principal de la noche.

El uruguayo puso en juego su título de campeón latino y decidió buscar un nuevo rival, de mayor jerarquía que el boxeador al que originalmente iba a enfrentar. Así apareció en escena Santillán.

El santafesino venía de caer en su última pelea por puntos, en fallo unánime ante, el invicto armenio -nacionalizado alemán- Artem Harutyunyan, en Alemania, en un choque por el título superligero vacante de la Organización Internacional de Boxeo, en el que dejó una muy buena imagen.

«Esa experiencia me dejó más motivado que nunca. La derrota fue una circunstancia, porque él fue un rival muy duro que se bancó un montón de golpes míos bien conectados. Me sentí muy bien e incluso nunca volví tan rápido al ritmo de entrenamiento como después de esa pelea», había comentado Santillán en la previa del combate con Abreu.

Nacido en Ceres, una pequeña ciudad del noroeste santafesino, a 266 kilómetros de la capital provincial, «Dinamita» heredó su nombre y su amor por el boxeo de su papá Hugo, también boxeador.

Cuando estaba comenzando su carrera, se mudó a Villa Constitución, ubicada en el extremo sur de la provincia, muy cerca de San Nicolás. Allí encontró su lugar y con el correr de los años se transformó en un referente deportivo de esa ciudad. 

Tuvo su debut como profesional el 5 de septiembre de 2015, cuando derrotó por nocaut al formoseño Osvaldo Escalante, en una pelea que se realizó en Villa Constitución.

En septiembre de 2016, consiguió su primer gran triunfo al vencer en su ciudad, por puntos, en decisión unánime, al sanjuanino Mauricio Muñoz, para llevarse el título sudamericano de la categoría superpluma. Cuatro meses más tarde, no pudo defender esa corona ante el puntano Guillermo Soloppi, que le ganó en fallo dividido en Bragado. 

En abril de 2017 no pudo quedarse con el vacante título mundial juvenil superpluma del CMB, al perder por nocaut técnico con el mexicano Eduardo Hernández, en México. Y en junio perdió con Ezequiel Fernández en San Juan y tampoco pudo adueñarse de la corona argentina de esa misma categoría. 

Pero 2018 fue un gran año para el santafesino. «El mejor de mi carrera», según comentó hace unos meses. Es que el 8 de junio, otra vez en Villa Constitución, noqueó en el cuarto round al cordobés Raúl Centeno y se consagró campeón latino superpluma de la Organización Mundial de Boxeo

Esa victoria le permitió cumplir un sueño y alimentó mucho su confianza. Aunque desde entonces sumó un nuevo triunfos en una pelea sin corona en juego y perdió los dos combates en los que pudo sumar un nuevo cinturón: ante el puntano Fabricio Bea en Junín, en diciembre pasado, por el título superpluma sudamericano, y el de junio en Alemania ante Harutyunyan.

Así llegó a la pelea con Abreu con un récord de 19 victorias (ocho por nocaut), un empate y seis derrotas, dos por la vía rápida.

«Estoy entrenándome con todo, listo para esta pelea», había dicho Hugo Santillán después de firmar el contrato, sin imaginarse que ese combate que no estaba en sus planes sería el más difícil de su carrera y de su vida. 

Fuente: www.clarín.com